Combustible del aprendizaje: ¿qué nos hace querer seguir aprendiendo?


Javier Sánchez

¿Qué hace que volvamos mañana a practicar, a estudiar, a probar otra vez eso que todavía no termina de salir ?

A veces volvemos con ganas.

Otras, no tanto.

Cuando pensamos en sostener un aprendizaje suelen aparecer palabras como disciplina, constancia o fuerza de voluntad. Y claro que tienen su lugar. Hay días en los que necesitamos un pequeño empujón para empezar o retomar algo que habíamos dejado.

Yo me pregunto si podemos vivir siempre de ese empujón.

También importa lo que ocurre después de empezar: comprender algo, notar una diferencia o descubrir una posibilidad que antes no habíamos visto. Normalmente imaginamos que primero llegan las ganas y después la práctica. Pero también puede suceder al revés: empezamos sin demasiado entusiasmo, algo nos llama la atención y queremos seguir un rato más. Quizá la motivación no tenga que estar siempre esperando en la puerta, a veces puede aparecer porque hemos empezado.

Algo tan sencillo como cambiar de postura.

Podemos acercarnos a esta idea sin salir de lo cotidiano. Si estás sentado y te resulta cómodo, puedes cambiar un poco de postura y volver. Esta vez, presta atención a cómo empieza la acción:

– ¿qué partes participan?

– ¿qué ocurre con el apoyo?

No hace falta buscar una posición mejor ni encontrar nada especial. Al repetir el movimiento quizá notes algo que antes se te escapaba: un cambio en la respiración, el momento en que se suma otra parte de ti. También puede que, de momento, no distingas gran cosa. Puedes dejarlo ahí.

Lo interesante es que una acción tan familiar puede volver a contener una pregunta.

Esta es una de las cosas que me interesan del Método Feldenkrais https://el-proceso.com/clases/feldenkrais-con-javier/ : investigar cómo aprendemos mientras nos movemos, a partir de algo que ya hacemos todos los días.

Hacer sitio para investigar.

Para poder observar importa cómo planteamos la tarea. Una dificultad demasiado grande puede dejarnos ocupados únicamente en conseguir el resultado. Una demasiado pequeña puede hacernos perder interés. Y un objetivo lejano puede ocultarnos los cambios que ya están ocurriendo.

También cuentan cosas menos filosóficas: cuánto tiempo pretendemos dedicarle, a qué hora, en qué lugar o qué esperamos conseguir cada día. Antes de pedirnos más voluntad, podemos revisar alguna de estas condiciones. Practicar durante menos tiempo, hacer pequeños descansos, probar solo una parte o reducir la amplitud de un movimiento puede dejar más espacio para darnos cuenta de lo que hacemos.

Hacer una dificultad más pequeña no significa necesariamente aprender menos. A veces permite percibir detalles que quedaban escondidos dentro de eso que llamábamos simplemente «difícil».

Quizá el desafío sea encontrar una dificultad que todavía nos permita probar algo distinto, volver atrás y comparar sin tener que apretar los dientes en cada intento.

Antes de corregir, percibir.

Cuando algo no sale como esperábamos tenemos bastante prisa por arreglarlo. Volvemos a intentarlo, cambiamos algo o pensamos: esto lo estoy haciendo mal.

Pero, ¿qué ocurre si esperamos un momento antes de corregir?

Ese intento puede mostrarnos dónde aparece la dificultad, qué parte todavía no comprendemos o qué hacemos siempre de la misma manera. Merece la pena darle unos instantes antes de descartarlo. A veces corregimos tan deprisa que perdemos la oportunidad de entender qué estaba ocurriendo. Podemos observarlo, compararlo con otro intento y después decidir qué cambiar. El resultado sigue importando; también importa la información que encontramos mientras intentamos alcanzarlo.

Percibir más también cuenta.

Solemos reconocer el progreso cuando algo por fin nos sale o podemos hacerlo con mayor facilidad. Es comprensible: resulta agradable comprobarlo pero mientras ese resultado llega pueden estar cambiando otras cosas. Quizá reconoces dónde empieza la dificultad o descubres que dos intentos que parecían iguales tienen una diferencia. Empiezas a hacerte preguntas más precisas.

¿Qué puedo percibir ahora que antes se me escapaba?

Esa pregunta puede sustituir al habitual «¿ya me sale?». Distinguir algo nuevo nos da una referencia con la que probar y comparar, antes de elegir cómo continuar. La maestría también puede mirarse desde ahí: en la capacidad de reconocer matices y disponer de alternativas cuando cambian las condiciones. Los años de práctica pueden dejarnos algo más que repeticiones de una sola manera de hacer las cosas: recursos para no depender siempre de una única solución.

Encontrar razones para volver.

Mientras aprendemos una actividad también vamos descubriendo cómo aprendemos. Reconocemos cuándo necesitamos insistir, cuándo descansar o qué parte conviene hacer más pequeña. Poco a poco, empezamos a orientarnos mejor incluso cuando todavía no sabemos cómo hacerlo.

En el movimiento tenemos muchas ocasiones para investigar esto. Al girar la cabeza, alcanzar una taza o levantarnos de una silla podemos atender a lo que sucede, probar una pequeña variación y volver a sentir. La respiración, el apoyo o el esfuerzo pueden convertirse en referencias para explorar.

En Feldenkrais dedicamos tiempo a estas preguntas sin imponer una forma correcta de moverse. La propuesta deja margen para que cada persona reconozca diferencias en su propia experiencia. Quizá en algún momento aparezca algo que te dé ganas de volver a probar. Una sensación que no habías distinguido, una pregunta que antes no te hacías. Nada obliga a que cada intento sea interesante ni a que siempre tengas ganas.

Ir encontrando dentro de la práctica razones para regresar puede ser una manera de sostener el aprendizaje. La curiosidad también puede ser combustible.

¿Qué podrías descubrir si un movimiento que haces todos los días se convirtiera, por un momento, en algo que todavía puedes explorar?

Si te da curiosidad comprobarlo en las clases de Método Feldenkrais de Habitando el movimiento, en El Proceso, utilizamos movimientos sencillos para explorar estas preguntas desde la experiencia.

No necesitas experiencia previa ni saber de antemano qué tienes que percibir. Puedes conocer cómo son las clases o preguntar antes de decidir si te apetece venir.